Esta es la historia de un astronauta inventado, de una metáfora pensante que algún día nació, creció, se reprodujo y murió en el océano de la nada, de la obscuridad permanente. Esta es la historia de como el amor que cree ser verdadero, se convirtió en el monstruo del odio y el resentimiento.
20 de agosto de 2010
Introducción. La vida no es una película.
Podría escribir un guión con nuestra historia. Pero no sería una película con final feliz, o algo parecido. Los espectadores saldrían del cine quejándose tal vez por aquel final tan desafortunado, tan inesperado. Sería una película en la cual los espectadores difícilmente imaginarían la vida de los protagonistas después del final, porque en sí su universo (el de los protagonistas) acabaría al aparecer los créditos finales. Nuestra historia no podría ser material para una película entretenida, porque estaría llena de momentos de tedio y hastío, en la que el espíritu del amor eterno e invencible no deja de ser otra cosa más que una utopía, algo inexistente e imposible; para convertirse en el vano espejo de la monotonía que es nuestra vida. Esa película mostraría que el amor no es otra cosa que el impulso instintivo por aparearse, por reproducirse; porque aun cuando vivió en la historia el romanticismo digno de una novela de época, no quedó más de ella que un montón de sueños y promesas que existieron en vano, y que se desvanecieron como cualquier cualquier objeto que habita este universo cuyo fin es indeseablemente inevitable, como la existencia de cualquier especie sobre este planeta, incluso la nuestra.
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